
Brisa marina, que sopla con fuerza en la orilla del mar, y
transporta recuerdos que se quedan impregnados en tu piel como esos granitos de
arena entre tus dedos, no se van a ningún sitio, siempre los llevas contigo, en
algún bolsillo siempre se te cuela alguno. Da gusto llegar a la orilla y sentir
el aire ese tan peculiar, que solo podemos sentir ahí, en ese lugar, respiramos
profundamente y ahí está, el olor del mar, ese olor tan nostálgico a veces,
para los que viven lejos de él y el olor de casa para los que vivimos a solo
unos metros de esta maravilla de la naturaleza que es el mar.
Hay mares grandes, pequeños, mares que caben en la palma de
una mano, y mares que están encerrados entre cuatro torres y una muralla de
arena. Los famosos castillos de arena que todos hemos hecho alguna vez, o hemos
visto, o hemos destruido con todas nuestras ganas, y, si no fuimos nosotros
quienes destruimos esa fortaleza, fueron las olas. Las temidas olas que hacen
que movamos nuestra toalla unos metros hacia dentro, las que hacen que nos de
miedo el mar, y las que producen el sonido del mar. Benditas olas, cuantas
risas nos han regalado a todos. Ese momento en el que agarrabas las manos de tu
padre con todas tus fuerzas y le mirabas, él te miraba y te apretaba más fuerte,
te sentías invencible y que con él ninguna ola era suficientemente grande como
para llevarte con ella y separarte de esas manos. Luego nos damos cuenta de que
esa ola si que existe, pero ya es tarde y ya estamos lejos.

Todos respetamos al mar. Ese momento, en el que, nadando, te
alejas de la orilla y te das cuenta de lo pequeño que eres. Te das cuenta de
que, en el mar, no eres nada. Esa sensación de vulnerabilidad, el abrir los
ojos debajo del agua salada y ver todo azul, no ver el fondo y no ver el final.
Por un segundo se te para el corazón, y cuando sales a la superficie, buscas un
punto de referencia, la sombrilla de la abuela o la toalla de mamá. Porque,
aunque todos las orillas se parezcan, todas son diferentes, no hay ni un solo
grano de arena que sea igual por eso el mar es tan único y por eso todo lo que
le acompaña tan bonito.
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