El barco de vela
Quiero ser ese barco de vela que ves en el horizonte, él, que parece tan pequeño en la mar pero que una vez llega a puerto y lo contemplas, es enorme. Quiero que te subas, que te pasees por la proa y camines, despacio hasta la popa, sintiendo la madera con tus dedos. Recorre la cubierta con los ojos bien abiertos e inspecciónalo, inspeccióname, siéntelo (siénteme) y abre todas las puertas, túmbate en cada cama de cada camarote y cierra los ojos. Siente como las olas rompen contra la proa, déjate llevar por el movimiento de estas, y empieza a balancearte al ritmo del océano. Déjate llevar, suéltate, contágiate de la magia de este, él, que es tranquilo y delicado pero a la vez feroz y agresivo. No dejes de recorrer cada rincón de mí, no lo hagas porque si no te pierdes, y pierdes las ganas de seguir en ese barco. Él, que tanto te ha dado cuando has necesitado cobijo, cuando querías calma, desconexión y cuando te tumbabas en la proa a observar las estrellas, o simplemente cerrabas los ojos y te dejabas salpicar por el agua salada, por la brisa marina y por todos los sonidos que me envuelven, que nos envolvían. Porque cuando te subiste, ya formabas parte de mí, sentí tus yemas acariciando mi madera con delicadeza, sentí el momento en el que agarrabas con fuerza el timón para cambiar el rumbo. Pero igual que sentí todas esas cosas, también sentí cuando perdiste las ganas, cuando toda la ilusión del viajero intrépido despareció. Ya no era el barco de vela, era un barco de vela más, ya todo era conocido o eso te pensabas tú, ahora que me contemplabas desde tierra, donde todo parece más pequeño. Te bajaste justo cuando empezábamos a navegar, decidiste saltar, hacer un triple mortal y caer al agua, nadar hacía la orilla y apreciarme desde ahí. Poco a poco yo me iba alejando, perdida primero, porque ahora era más ligera, más veloz y tenía que recolocar la vela. Pero poco a poco, fui encontrando el sentido, me acoplé con el océano y a medida que tu me veías más pequeña, yo me hacía más grande y me alejaba de ese puerto, al que espero no volver nunca. Y tú, una vez me perdiste de vista, te diste cuenta de lo que habías hecho, te diste cuenta de que es barco de vela, hermoso por fuera e inmenso por dentro no volverá jamás a ese horizonte que tu contemplas, ese barco, ya no volverá a por ti.
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