No sé el camino


Vivimos sin estar seguros de nada, la frase “no sé” es nuestra preferida, porque nos es más cómodo, nos es más cómodo el no pensar, el no tomar decisiones, porque, si no tomamos decisiones, ¿ cómo nos podemos equivocar? Y no solo no queremos equivocarnos, sino que lo queremos tener todo, no queremos cerrar ni una ventana. Ya pasó de moda el hacer tours priv
ados por todos los rincones de nuestra habitación. Pasó de moda el pasear en silencio, el mirarse a los ojos y abrazarse fuerte. Esos abrazos que tanto nos hacen falta, aunque no sepamos que los necesitamos. Abrázame, y hazlo bien fuerte.

No tengas miedo a descubrir lo que sientes, no tengas miedo a enfrentarte a ti mismo, a descubrirte, a empezar a saber qué es lo que quieres, a saber qué es lo que necesitas, porque no siempre van de la mano. Hay momentos en los que quieres una cosa pero necesitas otra, por ejemplo, hay días lluviosos en los que quiero que salga el sol pero necesito un paraguas. Y, no son cosas incompatibles, porque el sol ya saldrá, pero sin el paraguas me mojaré.  Pensamos mucho, le damos mil vueltas a todo, pero la mitad de las veces no llegamos a nada, son vueltas en círculo, son pensamientos superficiales, no sé si por miedo a descubrirnos, o porque nos da “palo” ir más allá. Nos quedamos con que no somos capaces de elegir un camino, o no queremos, porque es más cómodo así. No apostamos en lo que de verdad es importante, ojalá todo fuese tan fácil como poner  5 al 13 y 8 al 0 y confiar en el destino, que toque el 0 y multiplicar por 35, a eso si que le llamamos ganar. Ya no somos capaces de tomar una decisión nosotros mismos, solos, sabiendo qué es lo que nos llena, sabiendo cómo nos sentimos, simplemente sabiendo. Tenemos que preguntarle al horóscopo, a Instagram, al grupo de amigas, al desconocido del metro, a cualquier persona que no seamos nosotros, para saber qué hacer, qué camino tomar, o si quedarnos quietos, que eso se nos da bastante bien.

Camina, corre, salta una vez hayas elegido el camino, no lo conoces así que que no te frene el miedo, salta, vuela, cáete, levántate, y sigue, no te pares pero sobretodo, hasta que el camino no sea familiar, hasta que no lo conozcas bien, no sabrás si te has equivocado.Indaga cada rincón, arranca una flor o dos, huélelas y pregúntales, a ellas, si es el camino adecuado, si “te quiere” o no “te quiere”, y ahí toma tu decisión. Ahí, solo cuando todo te suene, sabrás si ha sido la decisión correcta. No seas superficial, en el camino habrá alguna flor que no te guste, pero no te fijes en la flor, fíjate en la pradera que rodea el camino, adéntrate en ella, piérdete entre sus flores, entre sus plantas altas, sus insectos. Túmbate, observa el cielo, en silencio, no digas nada, solo observa la belleza que te rodea, el camino ya lo dejaste atrás, lo mejor del camino, lo más bello es lo que esconde, son los caminos que creas tú en él, son los laberintos de flores. No te quedes con el simple camino, quédate con todo lo demás.

Ahora toca volver, toca volver al camino, y seguir caminando, si tienes ganas de adentrarte otra vez siguiendo una mariposa, hazlo, si no, sigue hasta encontrar la salida, hasta que llegues a una bifurcación. Volverás a preguntarte que qué haces, que no sabes qué hacer, pero espero que hayas aprendido la lección, que no te hayas arrepentido del camino que tomaste, y que ahora, vuelvas a elegir uno, sin prisa, piénsalo. Y así, entre camino y camino, encontrarás uno que no quieras abandonar nunca, y seguirás a cada mariposa que en él se encuentre, porque tú, también te llenaste de mariposas, y que sensación más bonita.

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