Miradas




Ese momento en el que miras a alguien y ves todo lo que es, miradas que son sinceras, puras, y que bonito es ver ese brillo en los ojos. Ese brillo que hace que te quieras quedar en sus ojos siempre. Esos ojos son los que, seguramente te roben el corazón o no, pero es muy difícil encontrar a alguien que te mire así.  No es como la mirada de papá o de mamá, ni como la mirada de una amiga, es diferente, algo único. Es como la mirada de un niño que acaba de probar el helado de chocolate por primera vez, o cuando por reyes abres eso que tanto deseabas, pero está vez, es duradera, no se acaba una vez te acabas el helado o abres el regalo, dura, se mantiene. Porque descifrar esa mirada, no es tan fácil como lo he descrito. No es tan fácil como comerse un helado, desnudar a alguien a través de una mirada, cuesta. De hecho, no es querer desnudar a alguien, es que ese alguien se deje. Que miedo tenemos a sentirnos vulnerables, miedo a que nos conozcan tal cual somos. Siempre, escondemos quiénes somos. Nos protegemos, instinto de supervivencia básico y no hacemos mal, porque tendemos a ser egoístas y pensar en nosotros, primero y siempre, y con ello, hacemos daño.

Por eso, hay que saber con quién abrirse, y suele estar muy relacionado, con las miradas, ese famoso refrán que las miradas no engañan, pues yo soy de esas personas que cree ciegamente en este refrán. Hay que empezar a mirar más a los ojos, y menos a todo lo demás, lo bonito de alguien, lo bello, está en su interior. Alguna vez has pensado que alguien tenía los ojos feos, porque yo no, todos los ojos son diferentes, pero todos igual de bellos. Cuando encuentres esos ojos, ábrete, desnúdate, déjate caer en esas manos, que te sujetarán y te harán sentir (y todo lo que conlleva esta bonita palabra). Pero, esas manos, y esos ojos no te definen, solo te acompañan, y están ahí, por si te caes, y si tienes suerte se quedarán contigo, pero si no, si algún día se van, dolerá, dolerá mucho, y será casi imposible olvidarlos, olvidar esa mirada, y esos brazos. Pero poco a poco, aprenderás a vivir sin ellos, aprenderás a que no necesitas ese para-caídas de seguridad, que tu sola, puedes levantarte. No será fácil, porque la caída ha sido fuerte, pero si pudiste antes, ahora también.

Y aún no sé si es más fácil desnudarse ante esos preciosos ojos que te observan y arriesgarse a que algún día se vayan, o no hacerlo y no preocuparse por la caída. Igual no tengo que tomar el camino más fácil, sino el más valiente, o el que me haga sentir, que aunque duela el final, aunque duela la caída, el salto puede haber sido el momento en el que más viva me haya sentido. Al fin y al cabo, siempre es el mismo dilema, arriesgarse y saltar sin paracaídas o cargar con el paracaídas, por si acaso.

Creo que somos la generación de los por si acaso, de los trescientos planes alternativos por si uno cancela, de las baterías portátiles, del típex, de los tres bolis azules antes de un examen, y de la lista de posibles camas ajenas. Fuck it! Dejemos de planear “por si acaso”, y vivamos, si el plan A sale mal, pues ya improvisaremos, sobre la marcha, porque creo que de eso va la vida, de ir sin paracaídas, de que contigo puedes, pero conmigo también, porque, no es que dependas de mi, es que dependes de ti. Y si te quedas sin batería, pues que bien, disfruta, mira, observa tu alrededor, podrás disfrutar del trayecto en tren, podrás escuchar a los niños jugar en la plaza, o el ruido del mar mientras corres, o la lluvia contra tus ventanas. La vida, se nos escapa, por eso la vida es solo para quien sabe vivirla. Pero lo que sí que es fácil es decirlo, cuesta muchísimo ser valiente, y cuesta saber con quién serlo.


Comments

Popular Posts