Y llegó Septiembre
No sé por que, pero este verano ha sido raro, he disfrutado de otras cosas, he pasado mucho más tiempo con mi familia, porque era lo que quería, quería sentirles cerca, era lo que necesitaba. Mi corazón se ha llenado de amor, dde amor del bueno, del que te dan sin pedirlo, amor de personas que no te esperabas, amor de niño pequeño, no de película romántica de netflix. Mi corazón en ese aspecto también se ha tomado unas vacaciones, y que bien sienta.
Para mi, el verano es como un helado, nunca encuentras el mismo sabor, siempre que compras un helado buscas lo mismo, refrescarte, tomar algo dulce, algo que sabes que te va a gustar, hay veces que tienes muy claro lo que vas a pedir, otras, eres como yo y siempre pides para probar, un poco de este y otro poco del otro, para al final acabar pidiendo el mismo sabor de siempre. Que al pedirte un helado, al final vuelves a esa heladería, a la de siempre, por mucho que hayas descubierto sabores increíbles en mil otros sitios, estará más bueno el de casa, siempre. Aunque todavía recuerdo ese helado de sandia en las calles de zaragoza o el de cheescake ( el mejor del mundo) en la parte vieja, y como no olvidar los sabores únicos del depas. Cucurucho o tarrina, una bola o dos, una cuchara, una servilleta porque se derrite, se acaba demasiado rápido, y luego se te queda el regustillo, las manos pringosas, y con la cuchara en la boca sigues caminando, o hablando con tus amigas, recordando el helado, que por supuesto les has dado a todas de probar. El verano igual, conoces sitio, personas increíbles, se va demasiado rápido y lo recuerdas demasiado tiempo, siempre será un buen verano, como dicen todo el mundo está más guapo, pero no hay que olvidar que sin septiembre no hay verano. Pero aún quiero hablar un poco más del verano, aún no quiero pasar página, no estoy lista.
El verano, que cada vez pasa más rápido, quieres hacer tantas cosas, acabas en tu casa viendo series o leyendo libros, pero es genial igualmente, helados, cafes, playa, piscina. El pelo lleno de sal, y de cloro, incontrolable como su dueña, de fiesta en fiesta, borracheras en pantalón corto y camiseta. Fiestas de pueblo en las que te encuentras a niños de 13 años ya borrachos y sientes que eres vieja para estar ahí. Pero luego dices “es verano i tot si val” así una mezcla de idiomas en la cabeza, que si inglés cuando te vas fuera o conoces a un pivonazo holandés (esto no me ha pasado pero igual a alguien si), que si catalán en la panadería (o en bataplán), que si vasco con otro pivonazo ( bueno intentándolo) que si español con la fam y francés con mi hermano para ayudarle con los deberes. No sé, cómo se explica el verano, yo creo que no se explica se vive, se siente, es increíble, hagas lo que hagas, porque simplemente es verano.
Hay septiembre, que miedo me das, pero me haces darme cuenta de lo bien que me venía descansar y alejarme de todo, me haces afrontar con más fuerzas el curso, darlo todo de mi, porque sí, porque puedo. También es el mes de los reencuentros, y en el que cuentas todas tus aventuras de verano, y lo revives con todas tus amigas. Vuelves a la uni, a la rutina, al cau, a baile, a todo, con muchas ganas, pero nostálgica, triste. El verano ha sido muy guay, y que suerte, que tengamos todos estos sentimientos es porque ha merecido la pena, es porque lo hemos disfrutado, y está lección la he aprendido este verano.
Septiembre voy a por ti, verano, me despido, y nos vemos el año que viene, seré muy diferente, pero te tomaré con las mismas ganas de siempre. A ver qué nos deparas...
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